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domingo, 27 de julio de 2008

SUPLICA DE UNA MADRE


HIJO:
No te estanques jamás, quiero que triunfes.
supérate a ti mismo día tras día. Instrúyete, trabaja.
Nunca digas "mañana", hazlo en el momento.
Nunca digas "después" ...puede ser tarde.
Cada día se aprende algo nuevo. Deja huella al morir;
nunca te apagues.
Quiero que siempre brilles, que destaques; que cumplas tu
misión en ésta vida. No vivas en vano, te lo ruego.
Es muy triste que alguien acabe siendo nadie; lucha hasta el final.
No te conformes con: ya tengo bastante, es suficiente.
Dios te dió inteligencia , úsala. Dios te dió corazón, pues ama.
Cada esfuerzo es un triunfo, y un triunfo satisface.
Sé hombre de verdad, no simple hombre. Aprende a hacer el
bien, que te respeten, que seas a los demás siempre agradable.
Que te quiera la gente, no te crezcas. El orgullo envilece
y hasta ciega.
Señálate una meta: EL CIELO. El camino a seguir Dios te lo dice.
Y así podrás reír y contagiar a otros. Y así podrás amar y ser amado.
Y cualquier carga sentirás ligera. Si te enseñas a dar sin recibir siquiera.
Así te quiero ver , hecho, crecido, en plena madurez;
hombre de verdad; para mirarte entonces con orgullo y
exclamar satisfecha: ES MI HIJO!

Por: Elsa Parrao de Hoyos

lunes, 21 de julio de 2008

SE TRIUNFADOR

El triunfo no es una meta, sino el estado de aquel que busca hacer algo mejor cada día de su vida porque se encuentra insatisfecho; del que crea y a la vez emprende, del que no se queda inmóvil al borde del camino viendo pasar su vida como si fuera la de otro; del que ve en cada momento una oportunidad para aumentar la intensidad de su deseo de crecer y de darse a los demás.
Perdemos más tiempo justificándonos para no hacer algo que el que nos tomaría realmente poner manos a la obra. Frecuentemente decimos "no tengo tiempo", "ése no es mi problema"
"no fue mi culpa" y llegamos a convencernos de que ésa es la realidad, y así acallamos nuestra conciencia y permanecemos tranquilos ante lo que no podemos lograr.
Explicamos el fracaso con infinidad de excusas.
El triunfo no requiere explicación; una persona triunfadora siempre ve una respuesta para cualquier problema y el necio siempre ve un problema como toda respuesta.
La voluntad se forja como el acero: a altas temperaturas, es decir: si cada día acumulamos más calor, siendo mejores que ayer, llegaremos a tener voluntad de acero...
No existen los fracasos ni los errores, porque los fracasos sumados uno a uno forman la "superación personal".
Reconocer que es propia la culpa es un paso para encontrar la forma de no volver a equivocarnos; así sabremos dónde estuvo el error sin engañarnos pensando tranquilamente que el error o la culpa fue de los demás.
Y así, reconociendo dónde estuvo el error, buscaremos el camino para enmendarlo!
Por Ma. teresa Contreras.